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2ºPremio Certamen «El sombrero de tres picos» La hora del entierro estaba próxima. Maica llegó a aquel pueblo perdido del sur justo cuando la canícula era insoportable. Bajo la encina centenaria de la plaza de la iglesia buscó refugio de los crueles rayos del sol inmisericorde de julio. El abanico que compartía de forma alternativa con su hija movía en vano el aire cálido de un lado a otro sin conseguir alivio alguno. Ante sus ojos cruzaron viejas enlutadas que respondían con presteza a la llamada. Desde hacía rato las campanas doblaban con esos toques roncos y pausados avisando de que ya se acercaba la hora de darle el último adiós a una de sus vecinas más longevas. Si vieron a Maica y a su hija se hicieron las locas, ignorándolas, como venían haciendo desde que salió del pueblo a buscarse la vida persiguiendo un futuro más esperanzador. Los gruesos muros del templo mantenían fresca la nave por lo que no era mal plan ir a misa con ese calor infernal. Eso pensaron todas las...