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  2ºPremio Certamen «El sombrero de tres picos» La hora del entierro estaba próxima. Maica llegó a aquel pueblo perdido del sur justo cuando la canícula era insoportable. Bajo la encina centenaria de la plaza de la iglesia buscó refugio de los crueles rayos del sol inmisericorde de julio. El abanico que compartía de forma alternativa con su hija movía en vano el aire cálido de un lado a otro sin conseguir alivio alguno. Ante sus ojos cruzaron viejas enlutadas que respondían con presteza a la llamada. Desde hacía rato las campanas doblaban con esos toques roncos y pausados avisando de que ya se acercaba la hora de darle el último adiós a una de sus vecinas más longevas. Si vieron a Maica y a su hija se hicieron las locas, ignorándolas, como venían haciendo desde que salió del pueblo a buscarse la vida persiguiendo un futuro más esperanzador. Los gruesos muros del templo mantenían fresca la nave por lo que no era mal plan ir a misa con ese calor infernal. Eso pensaron todas las...

CUENTOS DE AYER

        Cuando éramos pequeños mi madre nos contaba a mis hermanos y a mí muchos cuentos.          De tanto repetirlos yo les tenía asignadas las localizaciones a cada uno de ellos en mi imaginación. Recuerdo que la casa de Caperucita estaba al principio del callejón de las Botijas, donde vivían los Parrilla, y la casa de la abuelita en la parte alta de la Solana. Los dos caminos, el corto y el largo que seguían el lobo y la niña eran los callejones que subían desde la Bovedilla a dicha Solana.          Garbancito también andaba por mi barrio de la infancia: la tienda donde iba a comprar el pequeño era la papelería de la Adora y el campo de lechugas donde se lo comió el buey, la plaza Pedro de Mendoza, antes, los Grupos.         Pero había un cuento en especial que aún me da escalofríos cuando me acuerdo y que no sé cómo no quedamos traumatizados de por vida. Era este: PERIQUITO Y PERIQUITA. Érase ...

EL PEÓN DE AJEDREZ

       Érase una vez un pequeño peón negro que convivía con otras treinta y una piezas en un tablero de ajedrez. Entre casillas blancas y negras desarrollaba su triste y monótona existencia.  Partida tras partida el pobre peón hacía lo que se esperaba de él: ir siempre el primero abriendo camino y avanzar hacia adelante, pasito a pasito.  Cada vez que una pieza del color opuesto se ponía a su lado la eliminaba sin grandes remordimientos: era él o los otros.           En todos los duelos en los que participaba, más temprano que tarde era eliminado. Lo sacrificaban sin miramientos para salvar a su reina. Y así día tras día no lograba llegar al final, al lugar de los elegidos y afortunados.         Una tarde de invierno, en la partida de rigor, cansado de ser ninguneado, nuestro peón se armó de valor y avanzó poco a poco y sin pausa. Esquivó al alfil blanco, liquidó al caballo y varios de sus homónimos también ...

LOS SEGADORES

        Hace mucho tiempo, aunque no tanto   como para olvidarlo, en un pueblo del sur, donde los inviernos eran gélidos y los veranos extremadamente secos y calurosos, daba misa y confesaba un cura orondo de panza y oriundo de ciudad.           En las fechas en que sucedió esta historia, la temperatura en las horas centrales del día no bajaba de cuarenta grados bajo el parral, por lo que nuestro páter no asomaba el hocico a la calle hasta bien caída la tarde o cuando era invitado a comer por el terrateniente del lugar , y se pasaba la mayor parte de la jornada en el confesionario, que estaba colocado estratégicamente en el lugar más fresco de la iglesia.           El sacerdote era famoso por sus sermones: además de ser más largos que un día sin pan, no tenían filtro alguno y lo mismo cargaba contra los jóvenes por no resistir a las tentaciones como que contaba con ...

EL CHAVICO DE LA SANTA CRUZ (1914)

- Fefa, para mañana por la tarde no te busques ocupación, que vamos a pedir el chavico. - Mañana tenemos que ir a la Ermita. ¿Se te ha olvidado que Don Serafín no nos deja hacer la Primera Comunión si no vamos todas las tardes a las Flores? - A esa hora ya estamos apañadas, además, para mí es la Segunda Comunión -dijo Rosario con guasa. Y es que Rosario ya había comulgado por primera vez el año anterior, pero al cambiar de cura pensó en tomar el Sacramento otra vez y así desayunar gratis, como se estilaba, ya que invitaban a los niños que hacían la Primera Comunión a chocolate con buñuelos, lujo que no podía permitirse en su humilde hogar.         Aquella mañana del 3 de mayo, después de llenar los cántaros de agua, hacer las camas, limpiar los orinales y fregar, rodillas en tierra, los suelos de cemento pulido de sus respectivas cuevas, se dedicaron a fabricar su particular Cruz. Para ello cogieron una rama de un almendro tierno que crecía libre a la orilla del barr...

Fábula de la mula vieja

       Había una vez un campesino que trabajaba su tierra con la ayuda de una vieja mula torda a la que llamaba Morena. Llevaba con él desde hacía más de dos décadas y se conocían tan bien el uno al otro, que la mula no necesitaba escuchar órdenes para realizar las tareas que se esperaba de ella, a pesar de que algunos achaques estaban haciendo ya su aparición.        Cierto día, en la feria de ganado, el campesino quedó prendado de una yegua blanca que hacía las delicias de todos los presentes, y tanto se empeñó, que dejándose todos sus ahorros, consiguió el preciado animal. Cuando llegó a su casa, embriagado de vino y de orgullo, dejó a su nueva adquisición en la cuadra que hasta el momento ocupara Morena y a la mula la sacó a la calle, al lado del almiar. Por suerte, esa noche el tiempo fue propicio, pero el veterano animal no entendía aquel cambio, creyendo que sería sólo cosa de esa velada. ¡Cuán equivocada estaba!        ...

NOCHEBUENA EN LAS CUEVAS

          A pesar del cielo azul sin mancha alguna, hacía una rasca que pelaba. En la umbría, el cubo de lata del pozo tenía en su superficie una fina capa de hielo que aún no se había fundido. Era el momento de darle muerte al pollo, el más hermoso del corral, que picoteaba el suelo, pobre inocente, sin saber que iba a servir de cena a la familia que lo había cebado. A mediodía le llegó su triste hora.         Las mujeres de la casa se afanaban en preparar la comida y cena de Nochebuena, mientras los chiquillos, jugaban al escondite, a bote o a quemar palillos en el brasero de picón, que se estaba encendiendo en la placeta. - ¡Dejad la lumbre, que os vais a mear en la cama!         Anocheció pronto. Frente a la televisión en blanco y negro estaba sentada toda la familia: el matrimonio, cuatro niños y la abuela. La cena tenía como único y principal plato el pollo bien frito con ajos, que duró un suspiro. Los platos quedaro...