EL PEÓN DE AJEDREZ
Érase una vez un pequeño peón negro que convivía con otras treinta y una piezas en un tablero de ajedrez. Entre casillas blancas y negras desarrollaba su triste y monótona existencia. Partida tras partida el pobre peón hacía lo que se esperaba de él: ir siempre el primero abriendo camino y avanzar hacia adelante, pasito a pasito. Cada vez que una pieza del color opuesto se ponía a su lado la eliminaba sin grandes remordimientos: era él o los otros. En todos los duelos en los que participaba, más temprano que tarde era eliminado. Lo sacrificaban sin miramientos para salvar a su reina. Y así día tras día no lograba llegar al final, al lugar de los elegidos y afortunados. Una tarde de invierno, en la partida de rigor, cansado de ser ninguneado, nuestro peón se armó de valor y avanzó poco a poco y sin pausa. Esquivó al alfil blanco, liquidó al caballo y varios de sus homónimos también ...