SUCEDIÓ EN LA CALAHORRA Mediaba mayo del año 1930. Doloricas se levantó temprano como cada día. Comió las gachas que Mama Chica había preparado para toda la familia, de la que ya habían dado cuenta los hombres de la casa que habían partido bastante antes para el campo. Como todos los días, la niña se fue a la escuela: era de las pocas afortunadas que no conocía aún el trabajo duro debido a su tierna edad. Y como siempre, volvió a la casa a la hora de comer. Por la tarde no iba a clase, asi que pasó el tiempo jugando con las vecinas y acompañando a sus hermanas cuando éstas se pusieron a coser sus ajuares en aquella tarde primaveral cada vez más larga. De pronto, la niña Doloricas cayó redonda al suelo. A los gritos de las mocicas acudió todo el vecindario y se encontraron a la chiquilla desfallecida y sin dar señales de vida. Por más zarandeos y palmadas que le dieron no volvió en sí. Diligentes, las vecinas, la metieron en el dormitorio principal. Allí la vistieron con el ú...
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IN MEMORIAM Tus recuerdos se esfuman, se disuelven. Se vuelven opacos. Los nombres se mezclan, ¿Tú quién eres? Has preguntado. A tu esposa la llamas hija y a tu hijo, hermano. Pero recuerdas a tu primo, los juegos de niños y los días en el campo. Como consuelo, tu sonrisa. Para los otros, el desconsuelo y el llanto.
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LA VIUDA El duelo. Así llaman a ese estado de tristeza, melancolía y soledad que sobreviene a la pérdida de un ser querido. Y al recuerdo. Ella no reconocía tal vocablo, lo único que sabía es que la casa estaba vacía sin él. Que en su cama se había asentado un frío insufrible y que sus oídos sólo escuchaban un pitido sordo y continuo: el sonido del silencio. ¿Cómo una persona tan pequeña como su Manuel podía haber dejado un vacío tan grande? Quería creer que Dios se lo había llevado porque era su designio, que le había llegado su hora… pero no le servía de consuelo. Durante el día ocupaba su tiempo en los quehaceres de la casa, que consistían en limpiar sobre limpio, y sólo así colocaba la mente en un lugar seguro. Pero en las noches, cuando la oscuridad se colaba por las rendijas de las ventanas, de las puertas y del propio corazón, se le venía la casa encima. Ni ganas de comer tenía. Cualquier cosa era buena para engañar al estómago y su existencia se había tornado e...
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TARDE DE ESTÍO (2º Premio Concurso relatos breves "El sombrero de tres picos" revista Absolem) Terminó de refrescar la placeta. La tierra, por lo común aplastada por el continuo ir y venir de personas y bestias, se levantaba en un fino polvo a la caída de la tarde y era tarea obligada el asentarlo. La anciana mujer sacó del pozo un cubo de agua y lo fue vertiendo meticulosamente por todo el espacio con sus manos ahuecadas en forma de cazoleta. Con la escoba de palo de caña barrió algunas brevas caídas por su propia madurez y la fuerza de la gravedad, así como bastantes hojas secas de las distintas plantas de la finca que, ya agostadas, el viento arremolinaba en un rincón de la misma. Ahora tocaba el momento del descanso y sosiego. Tomó asiento en una silla baja de anea bajo el hermoso emparrado que sombreaba y refrescaba el lugar, con el tabaque de la costura a un lado. Sacó de su interior una sábana amarillenta que en sus buenos tiempos fuera nívea, con más de...
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LA MERIENDA El otro día me dice mi hijo: - No hay nada para merendar. Y yo me quedo con la boca abierta. "Si el otro día compré en el super galguerías para poner tienda, ¿ya se las han comido estos tragaldabas? Me voy a la cocina y ahí estaba el armario hasta los topes. -”Mira ”delicao”; tienes galletas María, Campurrianas, bizcochos de soletilla, oreos de esas negras y pienso (copos de avena). Además tienes pan, leche de tres tipos, yogur y fruta. No me digas que no hay ná para merendar que te desheredo, que os habéis puesto muy exquisitos. Verguenza me daría a mí. En mis tiempos cogía media barra de pan y con aceite y azúcar nos poníamos las botas. O con miel de caldera, pa tu madre puñetera. O cogíamos un mendrugo de pan duro y con la leche hacíamos una sopillas. Me dicen a mí que no hay ná. En el mejor de los casos, a primeros de mes, podía entrar en mi casa un bote de leche condensada o Pralín y nos quedábamos en la gloria con esos bocadillos. Y para celebra...
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CASCAMORRAS 9 de septiembre. La mañana está fresca; nada que ver con el calor sofocante de los meses anteriores. El niño se levanta más temprano que lo acostumbrado pues en los primeros momentos de vigilia le asalta una preocupación: no ha comprado aún la almagra para pintarse esa tarde. Ya se lo llevaba avisando la madre, pero con el jaleo de los días de feria se le ha echado el tiempo encima y apenas faltan unas horas para el gran momento, el del Cascamorras. Pero ese olvido le va a traer más dolor de cabeza. No se acordaba que es festivo y las tiendas están cerradas. Su gozo en un pozo. Pero no se amilana y coge el móvil mandando mensajes a varios de sus amigos. Uno contesta: ”Sí, tengo pintura”. Respira tranquilo. Ya que está levantado decide preparar la ropa para la carrera. En el cuarto de desahogo guardó las zapatillas más viejas y en su armario tiene una camiseta que se manchó de lejía. Un pantalón rabicorto completa su vestuario. ...
PENITENTE
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Érase una vez un penitente, de los muchos que en Semana Santa acompañaban a sus Cofradías. Desde días antes, el hábito estaba lavado y planchado, listo para que el Viernes Santo realizara su Estación de Penitencia. Llevaba muchos años cumpliendo la tradición, pero, a pesar de la experiencia, cada vez que se vestía para la ocasión, miles de mariposillas revoloteaban en su estómago como si fuera la primera vez. Hacía más de cuatro décadas que con la túnica blanca como las fachadas de sus cuevas y la capa de luto, bajaba por la Cañada de los Perales formando parte de la Hermandad más bonita de Guadix, sin atrasar a los presentes. Había vivido momentos muy emocionantes, unos tristes y otros felices. Días de calor, de frio y de viento. Algunos pocos, de lluvía convertida en lágrimas. No era sencilla la misión. Por delante tenía un largo recorrido hacia el centro de la ciudad, que lo esperaban expectantes. La capucha indomable, sujeta con la mano libre para que los ojos cayeran en...